lunes, 19 de enero de 2009

Republica Independiente del Caribe

LA AUDACIA DE LA ESPERANZA
Amylkar D. Acosta M[1]


“Aunque muchos, somos uno; mientras respiremos
tenemos esperanza”. Barack Obama



“Esperanza. Esperanza frente a la dificultad. Esperanza frente a la incertidumbre. ¡La audacia de la esperanza! En definitiva, ése es el mayor regalo que Dios puede darnos, el cimiento de esta nación. Creer en aquello que no se ve. Creer que nos espera un futuro mejor”. Este texto es un fragmento del vibrante discurso que pronunció Barack Obama, hasta entonces un primíparo Senador de Illinois en la Convención Nacional Demócrata que proclamó la candidatura de John Kerry, el cual lo catapultó hasta hacerse con la candidatura demócrata primero y con la Presidencia después. Hay quienes hablan del fenómeno Obama como una “sorprendente y meteórica” carrera, aupada por su brillante y visionaria retórica. Pero, no hay tal, después de leer su libro La audacia de la esperanza uno llega a la conclusión que hasta la suerte hay que merecer y la verdad es que a sus casi 50 años Obama ha hecho méritos para estar en donde hoy está, que se trata de un político joven pero curtido, ducho, con un gran bagaje intelectual, con un enorme capital político construido a pulso. Y ello, en las condiciones más adversas y desafiantes para quien como él es de extracción humilde y la tez de su piel de afroamericano se convertía en otro obstáculo a salvar, en un país que pese a sus avances todavía arrastra con el lastre de sus prejuicios raciales.
Por ello, no es exagerado Thomas Friedman al relievar que el triunfo de Obama “es el final de la guerra civil que se desató en el siglo XIX, la cual asoló a los EEUU”. Pero, pudo más su inteligencia, su talento, su rigor, su disciplina espartana y, por sobre todo, su tenacidad y perseverancia, propias de un hombre de principios y convicciones, todoterreno, con una profunda fe cristiana que profesa y practica sin fanatismos o fundamentalismos estériles, pues los abomina así en la religión como en la política. No faltará quien lo catalogue como pragmático, alejado de los ideologismos partidistas; pero, en mi modesto concepto él participa más bien del eclecticismo integrador, como lo entiende Karl R. Popper. Por ello, es difícil de encasillar o rotular, como se tiende a hacer por quienes practican el maniqueísmo, máxime en una sociedad tan polarizada como lo está en este momento la estadounidense.

AL ESTILO LINCOLNIANO
Después que a mediados de diciembre pasado se reunieron los 536 delegados que integran el Colegio Electoral para formalizar su elección, Obama como Presidente electo empezó a ejercer y a mostrar sus dotes de estadista, encarando con firmeza desde ya los nefastos efectos de la crisis económica más pavorosa de los Estados Unidos desde la Gran crisis de los años treinta del siglo XX. Por fortuna la 20ª enmienda de la Constitución, que data desde 1933, recortó el período de interinidad entre la fecha de la elección y la de la posesión que antes se prolongaba por más de cinco meses, porque ante la gravedad de la situación, como afirma el propio Obama, “necesitamos acción y acción ahora”, inmediata. Cada día que pasa la crisis se agudiza, se complica y sus consecuencias son más catastróficas; por ello, se apresuró a armar su gabinete rápidamente y lo hizo sin reparar en las diferencias políticas que antecedieron su elección.
Él, al igual que Lincoln, integró un “equipo de rivales”, al cual cooptó figuras representativas tanto del partido Demócrata como del Republicano, todas ellas con amplia trayectoria y lo encabeza nada menos que la Hillary, que fue su enconada contendora en las primarias del partido demócrata para la nominación de su candidato. No han faltado las críticas y los dardos a este inesperado viraje, pues justamente el eslogan de su campaña, el cambio es posible, auguraba un relevo generacional y político radical. Pero, pensará Obama que el palo no está para hacer cucharas, que le esperan, como lo dijo él, días difíciles. El mensaje implícito en esta decisión es claro: “es necesario usar las mejores ideas, vengan de republicanos o de demócratas, para superar los problemas”[2]. Él dirá con Ortega y Gasset que “el hombre es él y sus circunstancias, sino las salvo a ellas tampoco me salvo yo”. No hay, entonces, pábulo para la improvisación ni tiempo que perder; hay que actuar ya y con tino, a riesgo de decepcionar la obamanía que está en todo su furor. Ojalá con Obama se cumpla el aserto de Shakespeare, en el sentido que “estamos hechos de la misma madera de los sueños”.

DE LA PESADILLA AL SUEÑO AMERICANO
El 20 de este mes, fecha esta conocida como Inauguration Day, se cumplirá con el rito de la transmisión de mando y Obama asumirá como el 44º presidente de la Unión, relevando en el cargo a Bush, el Presidente más impopular y desprestigiado de los últimos 80 años de los EEUU, según encuesta de CNN; más que Nixon y Truman, que ya es mucho decir. Pero, el paralelismo de Obama con Lincoln no termina en la conformación de su equipo de gobierno, sino que al igual que él hace ya casi 150 años ha hecho el mismo recorrido en tren para tomar posesión del cargo, partiendo desde Filadelfia, cuna de la independencia de los EEUU, hasta la Union Station en Washington. Y, de contera, en la ceremonia de investidura, también jurará sobre la misma Biblia que lo hizo el Presidente de los EEUU número 16, el labrador que abolió la esclavitud, igual que él proveniente del Estado de Illinois. Su discurso, Un nuevo nacimiento de la libertad, según ha trascendido, será del mismo corte del Discurso de Gettysburg pronunciado por Lincoln, uno de los más célebres y breves de la Historia.

LOS RETOS DE OBAMA
Obama, el primer Presidente negro de los EEUU no la tiene fácil y le tocará enfrentar muchos retos. Llegó la hora de la verdad. Lo más urgente, que es buscar salidas a la recesión económica lo obligará a priorizar en su agenda las acciones en este frente; algunos analistas consideran que la misma se prolongará más allá de 2009, independientemente de las medidas que se tomen. De lo que se trata es de evitar su agravamiento y de paliar sus efectos mediante un plan de choque. Hace sólo dos años la tasa de desempleo fue 4.4% y en diciembre ya estaba en 7.2% (¡!); En sólo 2008 se perdieron 2.6 millones de puestos de trabajo, lo cual es una barbaridad! De allí su decisión de pasar por el Congreso, ahora de mayorías demócratas, un Plan de rescate por US $825.000 millones, el cual viene a sumarse al de US $700.000 millones que está en plena ejecución. Pero, a diferencia de este último, que se enfocó más a salvar a Wall Street, el Plan Obama busca apoyar al ‘Main Street’, al hombre de la calle, a la economía real. 2/3 partes de tales recursos se utilizarán para realizar inversiones y el resto para reducir impuestos. Insiste mucho Obama en que el manejo de tales recursos se hará con total transparencia, para tomar distancia con respecto a los turbios manejos de su antecesor. A diferencia de la administración Bush, en la que el 40% de las reducciones de impuestos votados por el Congreso favorecieron a las personas con ingresos superiores a los US $300.000 anuales, esta vez se trata de ayudar a los más necesitados. Esta reorientación de los beneficios tributarios tiene un hondo sentido social, pero también económico. Como lo afirma el Nobel de Economía Paul Krugman, “Tuvimos una economía muy próspera bajo el gobierno de Clinton con una tasa de impuestos sobre las rentas superiores al 39.6% y una economía menos próspera con Bush a pesar de una tasa del 35%”.
A partir de la próxima semana el Congreso comenzará a darle trámite de urgencia la Ley de Reactivación e Inversión estadounidense del 2009. La misma contempla un ambicioso programa de Inversiones en energía limpia y eficiente, ciencia y tecnología, la modernización de carreteras, puentes, transportes y vías navegables. La reducción de impuestos se encaminará a remunerar el trabajo y crear empleos. Como lo afirma el reciente Comunicado de la Cámara de Representantes, “Sin este Plan de Reactivación, estamos advertidos de que el desempleo podría alcanzar el 12%. Con la adopción de este plan estaremos frente a un gran déficit público en los años venideros. Sin él, el déficit sería devastador y estaríamos ante el riesgo de caos económico”.

DEL UNILATERALISMO AL MULTILATERALISMO
A los desafíos planteados por la recesión económica se vienen a sumar otros no menos preocupantes, los cuales tendrá que abocar con toda decisión y sin tardanza. Se destacan entre ellos: uno de los compromisos de campaña más rotundos fue el del retiro de las tropas norteamericanas de Irak, al tiempo que se propone reforzar el pié de fuerza en Afganistán. Se propone cerrar en forma inmediata esa vergüenza para los EEUU, que es en lo que se ha convertido la prisión en la Base militar de Guantánamo, tanto más urgente habida cuenta de la providencia de la Corte Suprema de Justicia, contraria a su permanencia. La crisis del sistema de salud, con más de 46 millones de personas por fuera del mismo, como si se tratara de un país del tercer mundo, reclama una pronta solución. Estamos a sólo un año de que concluya el plazo estipulado en la Cumbre de Bali para concretar los acuerdos para arribar a la segunda fase del Protocolo de Kyoto contra el cambio climático[3], razón por la cual la administración Obama deberá apretar el paso en este, que es uno de los temas de la predilección del entrante Presidente. Tendrá que vérselas también con el conflicto del Medio Oriente, en estos momentos en plena ebullición, merced a la andanada arrasadora y desproporcionada de la máquina de guerra de Israel en contra de la Franja de Gaza, descargando toda su ira sobre la población civil, a lo cual viene a sumarse el conflicto interno larvado en el Líbano. Tampoco puede desentenderse de las difíciles y complejas negociaciones en curso entre Siria e Israel. No puede perder de vista, además, el envalentonamiento de Rusia, que viene mostrándole los dientes hace rato a los EEUU y a la Unión Europea. La problemática del abastecimiento de gas natural a través de Ucrania es sólo una muestra de ello; todo lo cual viene conduciendo a un calentamiento de la guerra fría. A ello viene a sumarse el pulso que viene sosteniendo los EEUU con Irán y Corea del Norte, tratando de evitar la proliferación de armas nucleares por el peligro que ello entraña para la paz mundial.
Por fortuna, Obama es un convencido de que, como lo ha venido sosteniendo Bill Clínton que “El complejo mundo de hoy no admite soluciones unilaterales”. En este aspecto se espera por parte de la comunidad internacional que haya un giro de 180 grados respecto a la arrogancia, la prepotencia y el unilateralismo que caracterizaron a la administración Bush, con lo cual le ha infligido un daño enorme a los Estados Unidos[4]. Respecto a América Latina, en su entrevista con Felipe Calderón, Presidente de México, anunció que le dará la vuelta a la página, vaya a saberse en qué se traducirá. En todo caso con Bush las relaciones de los EEUU llegaron a su punto más bajo, por lo que es de esperar que ahora se puedan recomponer, sobre todo teniendo en cuenta que sus relaciones exteriores tendrán como principal protagonista a Hillary Clinton, de la que hablan bien sus antecedentes, especialmente sus posturas en el Congreso. Le queda por delante, además, la ímproba tarea de reconstruir la confianza y la respetabilidad perdidas dentro y fuera de los EEUU y tendrá en la promoción y respeto de los derechos humanos su primera prueba de fuego. Amanecerá y veremos!
Bogotá, enero 19 de 2009
http://www.amylkaracosta.net/


[1] Ex presidente del Congreso de la República
[2] Barack Obama
[3] Amylkar D. Acosta M. Más allá del Protocolo de Kyoto. Diciembre 24 de 2007/ De Bali a Bangkok. Abril, 6 de 2008
[4] Amylkar D. Acosta M. La Cumbre Light. Noviembre, 16 de 2008

domingo, 18 de enero de 2009

República Independiente del Caribe

La Liga Costeña: 90 años después
Amylkar D. Acosta M.
Ex presidente del Congreso de la República



La región Caribe no fue ajena a las tensiones entre las tendencias centralistas y federalistas del siglo XIX; por el contrario, aunque con alguna intermitencia, históricamente, la lucha en pos de la integración y la autonomía regional ha sido la constante. El año 1874 se constituyó en uno de los primeros hitos de esta larga marcha; en respuesta a la discriminación y el ninguneo del que era objeto la región Caribe y su dirigencia por parte del gobierno central, se constituyó por aquellas calendas la Sociedad de Representantes Costeños por parte de un grupo de 16 congresistas de los estados de Bolivar, Magdalena y Panamá. Este 18 de enero es memorable, pues en esta fecha justamente se cumplen 90 años desde que el ex ministro de Hacienda, Tomás Suri Salcedo, instaló en Barranquilla la asamblea constitutiva de la Liga Costeña. La iniciativa de crearla partió de los periódicos de la región y fue secundada por connotados dirigentes políticos, cívicos y gremiales del Magdalena grande, de la Sabana de Bolivar y el Atlántico, que vieron en ella la más fiel expresión del descontento y la inconformidad crecientes en la región, producto del agobiante centralismo. Como nos lo recuerda el historiador Eduardo Posada Carbó, decisiones tomadas por el gobierno central como ¨destinar fondos provenientes del impuesto de canalización – un tributo del río – para invertirlos en el Ferrocarril del Tolima provocaron la ira regional¨[1] y exacerbaron los antagonismos entre la región y el centro.
EL MEMORIAL DE LA LIGA COSTEÑA
El Memorial enviado por el Presidente de la Liga, el ex ministro y ex senador Manuel Dávila Flórez, al Presidente de la Cámara de Representantes, Luis A. Mario Ariza, calendado el 14 de agosto de 1919, condensa los aspectos esenciales del reclamo de la región Caribe al gobierno central. Se destacan entre ellos el establecimiento de un ente autónomo para el manejo del Río Grande de la Magdalena y el impulso de las obras necesarias que garantizaran su navegabilidad, así como del Canal del Dique y los caños que conectan al río con la Ciénaga Grande y el mejoramiento de los puertos sobre el Caribe. Era evidente que el interior del país, después de haberse servido del Río Magdalena en la primera fase de su proceso de industrialización, le había dado la espalda y lo abandonaron a su propia suerte. Igualmente se demandaba del gobierno central la desgravación arancelaria de las importaciones de harina y trigo, reversar la medida tomada por Núñez en 1885 de nacionalización de las salinas marítimas y otro justo objetivo: una reforma constitucional tendiente a aumentar la representación de la región en el Congreso de la República. Ya dos ministros del Caribe, el propio Manuel Dávila y Simón Bossa, habían renunciado a sus carteras por sus desavenencias con las medidas que favorecían a los molineros de Bogotá que, como lo denunció Restrepo Plata, estaban “organizados en trust acaparador y formidable”[2], en detrimento de los molineros de la Costa.
EL AUTONOMISMO NO ES SEPARATISMO
La noticia de la creación de la Liga costeña cayó como un baldado de agua fría a los heliotropos de la política bogotana, que abrigaban temores de que se estuviera incubando allí un proyecto separatista, dado el espíritu díscolo y levantisco de los cuales había dado muestras la región desde los albores de la independencia. Aunque no faltaron quienes como el ex alcalde Vicente Noguera Carbonell asumieron posiciones más radicales y llegaron incluso a enarbolar la bandera de la ¨república independiente del Caribe¨, la Liga nunca tuvo ese alcance ni esas intenciones, su tónica fue más bien conciliadora. Como acota Eduardo Posada Carbó “La Liga se declaró patriótica y progresista, expresó que respetaría las ‘autoridades legítimamente constituidas’, tras manifestar que sus intereses estaban por encima de las luchas de partido”[3]. No pasaba de ser ¨una expresión de poder regional¨[4]; nada más, pero tampoco nada menos. Pese a ello, el síndrome de la separación de Panamá surtió sus efectos; mientras la prensa capitalina se alarmaba por la eclosión de este brote autonomista al que tildaba de secesionista, el Presidente Marco Fidel Suárez se apresuró a empacar maletas y viajó intempestivamente a Barranquilla para tratar de conjurarlo. Su visita, la primera que hacía a esta región, sirvió de galvanizador de la lucha emprendida por la Liga, que se hizo sentir y escuchar y logró atraer la atención del gobierno central, el cual atendió aunque a medias varias de sus reivindicaciones.
Desafortunadamente las elecciones presidenciales de 1922 dieron al traste con la Liga Costeña, que sucumbió a los intereses banderizos. La desbandada no se hizo esperar, sus principales líderes se alistaron al lado de la candidatura liberal de Benjamín Herrera o de la conservadora de Pedro Nel Ospina y la división se tornó irreversible, cuando en la unidad estaba su fuerza. En 1934 se dio un frustrado intento de revivir la Liga mediante la creación de la Asamblea Interdepartamental de la Costa, la cual se dio cita en Cartagena, pero una vez más el entusiasmo fue pasajero y su existencia efímera. Posteriormente, con la constitución de CORELCA en 1967, la aspiración presidencial de Evaristo Sourdís y la creación del Sistema Integrado de Planificación Urbana y Regional (SIPUR) en 1975, se le dio otro envión a esta gesta en procura de la integración y la autonomía regional.
LA VIGENCIA DE SUS OBJETIVOS
Estos antecedentes sentaron las bases para los desarrollos ulteriores, los cuales se concretaron en la Ley 76 de 1985 a través de la cual se creó la región de planificación regional, más conocida como CORPES, el reconocimiento por parte de la Constituyente de 1991 que Colombia es un país de regiones y además la autonomía de las mismas[5]. Desde entonces las regiones se pueden constituir en entidades territoriales[6], algo que no era viable mientras estuvo en vigencia la Constitución de 1886. Ello fue posible gracias a la iniciativa y al impulso dado por parte de la representación de la región Caribe colombiana en dicha Constituyente: Eduardo Verano, Juan B. Fernández, Carlos Rodado Noriega y el infaltable maestro Fals Borda, ilustre e ilustrado intelectual, comprometido como el que más con esta causa. Y no es casual que la misma hubiera partido de la representación del Caribe colombiano, habida cuenta del liderazgo que desde siempre ha asumido esta región, de cuya identidad como tal nadie duda[7], en el pulso incesante con el absorbente centralismo con la mira puesta en la materialización de este anhelo largamente aplazado cuando no escamoteado[8]. Podemos concluir diciendo que los objetivos planteados por la Liga Costeña siguen vigentes y la región debe superar la intermitencia de esta lucha y perseverar en ella para poder coronarla con éxito. Hoy, más que nunca, el Caribe quiere dejar de ser alfil sin albedrío del centralismo bogotano, para enrutarse por la senda del progreso y del desarrollo social. Como diría Sourdis: es ahora o nunca!
Bogotá, enero 18 de 2009
http://www.amylkaracosta.net/


[1] Eduardo Posada Carbó. El Caribe colombiano. Una historia regional (1870 – 1950)
[2] Citado por Gustavo Bell Lemus. El Caribe colombiano. Selección de textos históricos.
[3] Boletín cultural y bibliográfico No. 3, volumen XXII, 1985.
[4] Idem
[5] Constitución Nacional. Artículo 1º.
[6] Constitución Nacional. Artículo 306
[7] Amylkar D. Acosta M. La agenda regional. Abril 21 de 2005
[8] Amylkar D. Acosta M. La autonomía regional: alternativa de desarrollo. Noviembre, 18 de 2008